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LOS AMANTES

Los dos amantes y el gran perro,   se refugiaron de la tormenta en el viejo caserón que habia a las afueras de la gran ciudad.

A pesar de su evidente estado de abandono, ellos lo encontraron deliciosamente acogedor y ,cogidos de la mano, mojados y felices, recorrieron estancia por estancia ,buscando  lo que ni ellos mismos sabian.

Pinturas que conocieron mejores tiempos, jugaban una partida  cruel con restos de porcelana rota esparcida por el suelo.

De las alfombras con dibujos maravillosos, apenas quedaban algunos trozos enteros, y la  gran lámpara de araña del salón, era solo un amasijo de cristales sucios y rotos.

Cuando encontraron la habitación y se pararon en el umbral sin atreverse a entrar supieron que era allí. Tenia que ser alli

Forajidos de todos los mundos, de todos los universos exteriores. Prisioneros solo de ellos mismos. De sus cuerpos, de sus ojos, sus palabras y  sus gestos. Y perdieron toda noción de las horas y los dias.

Y solo cuando el ladrido de su complice, les despertó, la mañana les encontró exhaustos y felices.

Solo entonces se permitieron hablar con palabras.

-“A partir de hoy ,seremos compañeros  de viaje.

Para siempre, mi alma fiel ,seguirá  tus pasos, y tu mano firme evitará que caiga.

Desde ahora amarte será mi bandera y tus ojos mirarán por los mios.

Seremos una sola piel y un solo aliento.

Tu palabra y la mia nunca pronunciarán mentira alguna , y no permitiremos que el silencio nos separe.

La cobardia no dormirá con nosotros y nos obligaremos a luchar por preservar el amor que nos unió.

Ante la estrella azul que representa el tiempo presente y futuro, nos comprometemos a renovar nuestra palabra.

Cada año y en  este mismo dia, y si persiste el amor que hasta aquí nos ha traido, vendremos a decirnos que nos amamos y que el futuro será cosa de dos que aman en la misma dirección .

Y esperar y repetir   sin miedo estas palabras.:

.”Te quiero,compañera”

.”Te quiero, compañero”

Sin miedo, por y para siempre.

De aqui a la eternidad

Mi cruzA.S (2012)

Licencia Creative Commons

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muymolon

Porque quien no persigue un sueño, es porque no quiere. Ganas, creatividad y empeño que de esta, os digo yo que salimos ¿Un ejemplo?

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La cena

2º Relato de J.L.A

–Que…aproveche 😉

                                 LA CENA

 

 

Había que romper con la monotonía, con la rutina. Había que salir de aquella situación estancada desde hacía tiempo. Había que recobrar ilusiones, juegos, deseos…… había que luchar por recuperarse a sí mismos.

 

Y ella tenía una idea. No paraba de sonreír desde que decidió ponerla en práctica. Y según preparaba todo, según se movía por la cocina, por el salón, por el baño, cuidando cada detalle, según su idea tomaba forma, la sonrisa variaba desde una pícara sonrisa de niña juguetona, pasando por la más tranquila de las sonrisas, hasta el gesto casi obsceno de una mujer deseosa. Y deseada.

 

Él llegó a su hora. Puntual como un reloj inglés volviendo del trabajo. Dejó la chaqueta impecablemente colgada en el perchero de la entrada. Como siempre, ella salió a recibirle, con ese mandil que le llegaba hasta las rodillas. Los brazos al aire y las piernas enfundadas en sus medias negras era lo único que dejaba al descubierto. Por delante.

 

El beso de siempre. Ya empezaron los pequeños detalles que preparaban todo. Al besarle ella apenas le rozó con los labios, pero la punta de su juguetona lengua se detuvo un momento en recorrerle la comisura de la boca. Ni una palabra, sólo un guiño cómplice, una sonrisa prometedora.

 

Le llevó de la mano al comedor. Fue digna de ver la cara de sorprendido que puso al ver la mesa preparada para la cena. Una botella de vino. Dos copas. Dos boles. Nata y chocolate. Las cortinas cerradas y todo impregnado de ese perfume que usaba aquella maravillosa mujer que tenía a su lado. Una esencia que parecía introducirse en él, acelerar su corazón, despertarle todos los sentidos.

 

Se quedó paralizado ante el decorado montado para el. Actor y espectador. Y expectante.

 

Le dejó allí parado, mirándole siempre de frente, observando su cara de sorpresa. Se movía con movimientos casi felinos. Un punto salvaje, un punto provocador, un punto tímido. ! Como manejaba cada uno de sus movimientos ¡

 

Se desplazaba hacia el otro lado de la mesa… y cuidadosamente, sintiéndose el centro de su atención, mientras lo hacía se giró un poco. Lo suficiente para que él se diese cuenta que bajo ese mandil, únicamente llevaba por vestido su piel.

 

Frente a frente, cada uno en el extremo más alejado de la mesa. El todavía casi creyendo que era un sueño. Ella disfrutando de aquel juego.

 

Se subió a la mesa, se apoyó sobre las manos y las rodillas. Alzó la cabeza para mirarle detenidamente. Sabía perfectamente que desde su posición el observaría el canal de sus pechos, entrevería la blanca desnudez de su carne. Mostrarse a él. Provocarle.

Se fue acercando poco a poco, deslizándose por la mesa, balanceando un poco el cuerpo, hasta llegar al otro extremo…

 

Al llegar frente a él, sin cambiar de postura,  recogió con la punta de su dedo un poco de nata, y, provocativamente, entreabrió la boca y empezó a chupar, a tomarla con la punta  de su lengua recorriendo su dedo. La mirada fija en los ojos de aquel hombre extasiado por lo que parecía un sueño.

Él intentó cogerla, acercarla hacia sí. Pero no. No era el momento. Ella marcaba el ritmo. Marcaba el tempo. Y  apartó sus manos antes de llegar a tocarla. Todavía no.

Se sentó frente a él en el borde de la mesa, con las piernas colgando por el borde. Volvió a tomar un poco de nata. Pero esta vez se la colocó en el cuello. Le pasó su mano por detrás de la cabeza y le atrajo.

La mezcla del frío de la nata con el calor húmedo del aliento la erizaba cada centímetro de su piel. Era el principio. Muy prometedor. El se deleitaba, se entretenía en no dejar el más mínimo rastro de nata. Maravilloso.

Un ligero movimiento de hombros y uno de los tirantes del delantal se cayó, mostrando un poco más de ella. Sólo un poco. No demasiado. Y otro pedacito de nata y un ligero toque de chocolate en el comienzo de aquel canal del placer donde todos los hombres dirigían sus miradas. Y éste hombre, su boca, sus labios…

Sujetaba con las manos, suave pero firmemente la cabeza, para que no se desviase. Era justo ahí, donde ella había puesto la nata, donde le iba a dejar que estuviese.

El calor de su aliento deshaciendo  el toque frío de la nata. La suavidad de la lengua recorriendo su piel. Y la pasión de él que cada vez costaba un poco más controlar.

Un ligero empujón sobre los hombros, para separarle y la mano extendida para que esperase. La sonrisa seductora y un guiño le acabaron de convencer.

Un pequeño toque en el tirante que aún quedaba en su sitio. El mandil cayó, dejando al descubierto completamente sus senos. Desnudarse para él. Provocarle aún más.

Un dedo con nata. Otro con chocolate. Y dibujó en su cuerpo bajo la mirada fija y sin pestañeos de su hombre un camino desde el comienzo de su cuello hasta la aureola de sus pezones.

Una pequeña indicación con el dedo. “Ven”

Nata y chocolate. Calor y frío. Besos y caricias. Toques con labios, tirones con los dientes. Recovecos de piel recorridos y descubiertos por una boca experta. Manos firmes y suaves recorriendo su espalda, erizando la piel. Jadeos impregnando de deseo toda la habitación.

El último toque. El último camino a marcar. Desde el centro de su pecho hasta el monte de Venus.

 Con un rápido movimiento se deshizo del delantal. Construyó el camino que él debía seguir. Se tumbó sobre la mesa. Los ojos cerrados, la respiración profunda. Se abandonó.

 La nata empezó a desaparecer, dejando una huella de calor que cada vez se acercaba más a su destino.

 Él hundió la lengua, separó los labios, buscó aquel botón que la volvía loca. Rítmicos movimientos golpeando, acariciando el clítoris. Le giraba, le mordía, le movía mientras notaba como crecía por momentos. La penetró ligeramente con la lengua. Recorrió todos los pliegues de su sexo. Le movía hacia un lado y hacia otro. Entró ligeramente con los dedos, acariciando el interior pleno de sus jugos mientras no dejaba de besar, de comer, de saborear el mayor manjar del mundo. Ella apretaba los muslos contra la cabeza, no queriendo que se separara ni un milímetro, mientras sus movimientos cada vez se hacían más y más violentos.

 El clímax  llegó. Entró en ella después de todo el tiempo que había estado esperando con toda su fuerza, con toda la energía represada. Sólo eran dos cuerpos moviéndose  salvajemente. Deseo, movimiento, arañazos en la espalda que no se sienten, besos, gemidos.. y placer….. puro placer….

 Exhaustos, todavía entrelazados, se quedaron encima de la mesa durante unos minutos. Agotados, plenos.

Una copa de vino como colofón. Increíblemente ni las copas ni la botella habían caído con tanto movimiento.

Una cena  realmente especial.

J.L.A

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La canción

Inicio esta sección, con una serie de relatos, cuentos, historias..que no son mios aunque  Su autor me los presta para que yo pueda subirlos a la red o no, si asi lo deseo. Personalmente, yo desearia que él escribiera, cada vez que suba uno, un comentario sobre el mismo

Añadir, que personalmente para mi, estos relatos han significado mucho en el pasado y espero que os gusten tanto como me gustaron a mi.

Por supuesto, haré constar en todo momento su autoría : J.L.A

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LA CANCION

Se miró en el espejo. Se abrochó los botones de la chaqueta y observó el resultado final. No estaba mal. Sus cincuenta y tantos años le habían respetado. Hasta las incipientes canas que brillaban en su pelo todavía le daban un aire más atractivo. O por lo menos, eso le decían. Sinceramente, le daba igual. Sólo quien se fijase en sus ojos, un espejo de la tristeza permanente, sabría la verdad. Su trabajo era la única razón por la que intentaba cuidarse un poco. Y no demasiado.

Sobre la pequeña mesita había un paquete de tabaco y una botella de whisky. Encendió un cigarrillo y se sirvió una copa. El médico siempre le había dicho que debía dejarlo. Que le acabaría matando. Pero mira por donde se equivocaba. Se daría más prisa esa lesión en el corazón que le descubrieron hace un par de años. Una pequeña bomba de relojería que podía estallar en su pecho en cualquier momento. Si su fin podía llegar en cualquier momento, ¿para qué abandonar sus pequeños vicios?

Bajó las escaleras hacia el salón. Arrellanada en el magnífico sofá de piel estaba su acompañante de turno. No su novia, ni su amiga. No su mujer, ni su compañera. Sencillamente su acompañante de turno. Sabía perfectamente que ella estaba allí sólo por su dinero y por la popularidad, la fama que tenía. Lo sabía perfectamente y le daba lo mismo. Por lo menos le hacía reír de vez en cuando, le mitigaba ligeramente la soledad. Hasta le intentaba engañar diciéndole que le quería. Y bueno, en la cama…. no era la peor que había pasado por ella.

Siguiendo su costumbre, casi un ritual, se dirigió hacia su estudio. Antes de cada concierto hacía lo mismo. Necesitaba encerrarse allí durante unos minutos. Su santuario. Sólo una persona además de él tenía derecho a entrar allí. Y ella desapareció hace años. Demasiado tiempo sin ella.

Un montón de partituras esparcidas por todos los sitios del estudio. Un sinfín de canciones empezadas. Y ninguna acabada. Un piano con muchos viajes. Pero con el mejor sonido del mundo. Su compañero de lágrimas, de alegrías, de amores y de tristezas. Y donde debían estar las partituras en el piano, su foto. María.

Cada día recordaba como se conocieron, cuando él se ganaba la vida con unas clases de piano y tocando en bares por apenas cuatro copas y unos pocos billetes. Recordaba las horas componiendo para ella. Que algún día alguien más pudiera llegar a escuchar esas canciones era secundario. Lo que realmente buscaba es que a ella le hicieran feliz. Y ella le animaba. Podía pasar horas sentada en un cojín, viendo como él emborronaba papeles, buscaba melodías. Había carcajadas que resonaban en la minúscula casa que compartían, ternura que impregnaba el ambiente, complicidad y guiños en las frases más tontas. Eran una pareja feliz. Y sus canciones empezaban a tener un pequeño éxito. Un mundo perfecto.

Quizás a la vida no le gusten las cosas perfectas. O que hay un extraño equilibrio cósmico donde no tiene cabida una situación de dos personas así. Y entonces la vida es cruel. Y la crueldad se presentó con la forma de un coche descontrolado.

Se encerró en su estudio. Días y días componiendo. Apenas comía. Dormía recostado sobre las teclas del piano. Necesitaba expresar todo el dolor que tenía dentro. Necesitaba gritar su desesperación. Quería que ella desde el cielo escuchara que la echaba de menos.

Publicó esas canciones desgarradas. Menos una. Casi le obligaron a ello. Fue el mayor éxito que nunca pudo imaginar. Y también fueron las últimas canciones que pudo componer. Así habían pasado ya diez años de su vida. Había conciertos, galas, pequeños negocios. Pero nunca ni una canción más. Y nunca nadie escuchó esa canción guardada. Sólo era para ella.

Su vida….. Realmente él había vivido siete años. Los siete años que compartió con María. El resto……para él no era vida. Diez años ya. Hoy, precisamente hoy, justamente diez años.

Llegó el coche que debía llevarles hasta el concierto. No dirigió ni una palabra a su acompañante en todo el trayecto.  Hoy era en un antiguo teatro rehabilitado. Todo estaba preparado. Las luces, los músicos…. y tomó una decisión. Hoy sería totalmente distinto. No habría más música que su piano. Y sólo quería dos cañones de luz fijos en el escenario. Uno sobre él. Otro en un lateral, en una entrada del escenario. ¿Por qué? No dio razones. Tampoco las tenía. Pero así se hizo.

El público fue entrando poco a poco hasta llenar completamente la sala. Y ,puntual como un reloj, salió al escenario. Un breve saludo y comenzó a tocar.  Apenas había pausa entre las canciones. Se olvidó totalmente de todo el público que allí estaba reunido. Sólo tocaba. Con los ojos casi cerrados, dejando volar los dedos sobre las teclas. La intensidad de sus sentimientos iba en aumento. Ya no pensaba en nada. Sólo sentía. Y cada nota salía del alma, del corazón, hasta los dedos. Cada sonido volaba sobre las cabezas de la gente, y cada melodía parecía que entrase por los poros de la piel para llenar, para compartir los sentimientos con cada uno de los espectadores. Una canción tras otra se estaba volcando, vaciándose en la música, llenando el pecho de quien le escuchaba. El sudor recorría su frente brillando con la luz fija del cañón, como pequeñas perlas nacidas de si mismo.

Entrevió una figura. Allí delante. En el otro reducto de luz. María. Le miraba enamorada. Con esa sonrisa que embriagaba. Y se sentó para escucharle. Como siempre había hecho.

Llevaba una hora más de lo previsto. A nadie le importaba. Nunca volverían a asistir, nunca disfrutarían de otro concierto como aquél.

Supo que por fin, en ese mismo momento, su canción, aquella que guardó para ella, debía sonar. Un compendio de emociones en unas simples notas. La mayor expresión de sentimientos  reflejados en una canción. Era para ella. Y estaba allí. Para escucharla.

Nadie jamás pudo describirla exactamente. Todo el mundo después recordaba vagamente la melodía. Pero tampoco nadie jamás pudo olvidar esos minutos. Quedaron anclados en lo más hondo de cada persona.

Casi con la última nota se recostó sobre el piano. Momentos de silencio total mientras disfrutaban de los últimos ecos que recorrían el aire intentando atrapar hasta la última esencia de esa canción. Y un estallido de aplausos. Una ovación de reconocimiento no hacia un gran músico, sino hacia esa persona que como nadie les había hecho sentir y compartir.

  Tardaron diez minutos en darse cuenta que nunca se levantaría del piano.

  María le cogió del brazo y juntos salieron entre la gente

FIN

J.L.A

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Hace mucho tiempo que llevo meditando sobre este tema, sobre la donación de médula .Creo que es de lo único que aun no soy donante y algo poderoso me trae una y otra vez ante esto. Es un honor publicar esto y haberlo elegido para regresar .

Es un canto a la vida

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Ya tengo “El prisionero del cielo”, libro con el que se completa la trilogia que empezó con “La sombra del viento”.De Carlos Ruiz Zafón.

No.No lo voy a leer. No hasta que haya releido , ya seguidos  y sin esperas , los dos primeros.

Ya tengo en mis manos ,otra vez “La sombra del viento”Ahi lo veis, a la izquierda.

El libro ha pasado por otas manos, y no todas lo han mimado como yo lo hice.

Me entretengo mirando la sobrecubierta : fondo verde, día como con niebla, farola en primer planao. Un hombre con una gabardina , y de su mano, un niño que va saltando. Ambiente triste, solitario.Especial.

Tomo el libro en mis manos, y recuerdo el dia que decidí comprarlo.Estaba en la revista de Circulo de Lectores. Aún no era un libro conocido y formaba parte de una sección donde los lectores recomendaban libros recien nacidos .Publicidd  de tú a tú, y ….no sé,pero siguiendo mi instinto lo encargué.

Abro el libro con reverenciaa, y en seguida me doy cuenta que hay una hoja suelta… y aprieto los dientes y mi ceño se frunce de mal humor.

Y en la primera hoja donde aparece el título del libro, allí está  mi firma, mi nombre y la fecha en que empecé a leerlo:22 de Agosto de 2003. Con suavidad, casi pidiendo permiso, escribo a lápiz: 2ª: Enero de 2012.

Y recuerdo con orgullo, a una persona  bastante especial, que hasta la fecha , solo leía los titulares de la prensa de deporte.

Sabía de mi pasión  por leer , que no entendía, y me decia que él sería incapaz de “tragarse un tocho de esos”.

Recuerdo que le dije , que siendo una persona ya adulta, sin ningún hábito lector, todo  dependería de que lectura fuera su “iniciación”.

Caí en la  trampa,o quizás debería decir que caimos ambos.

El me pidió una lectura “iniciática”, y yo , me acuerdo perfectamente, no lo dudé un solo instante.

Mucho tiempo más tarde  se convirtió en otro lector empedernido de “tochos de esos”.

Y esta es una de tantas y tantas historias anónimas que están tras la lectura de un libro. Y me parece preciosa.

Respecto a mi historia, se que releerlo será como releerme a mi misma. Mirar mi reflejo en un espejo con poder regresivo en el tiempo.

Es la historia de un libro que leí durante un trayecto  en tren. Ida y vuelta.

Sonrisas y lágrimas.

Antes y después.

Gozos y sombras.

Me doy la bienvenida otra vez al maravilloso mundo de “La sombra del viento”

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Hoy le han dicho que quizás la añora aún. El.

Ella me cuenta que lo intenta pero que no sabe seguir sin El. Que lo intenta, que lo intenta… Ella.

Ella nos dice, solo con sus ojos, que es como si hubiera vivido otra vida antes de conocerle. A El.

El guarda silencio. Un silencio culpable, quizás. Solo él lo sabe.

Ella no sabe, no entiende nada.

El, un dia rompe el silencio y le desea que felicidad. A Ella.

Y Ella se endurece y desde la dureza de la piedra agradece. Y punto. A El

Ayer le dicen que El tiene problemas.

Y Ella, sola, se derrumba. Piensa en El.

Ella , tira la piedra para que se resquebraje, y en un grano de arena, le desa suerte.  Pone un punto.

Pero no termina, y le enseña dos letras que aun le quedan guardadas en la esfera de un reloj. Suyo. De El.

Y El , ¿por qué? le entrega tres palabras. Un punto. Y dos letras. A Ella.

Y Ella llora. Por El. Le añora. A El..

Y es lo extaño, porque Ella me dice que ya no existe. Que dejó de ser Ella sin El.

Eso es  Añoranza.

Vamos..

Vamos..

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